El canon irreal

 

Sunset Boulevard - Gloria Swanson

Cuando recientemente propuse a mis hermanas la cuestión ¿qué es lo primero que miras en el espejo por la mañana?, la respuesta siempre fue muy precisa y siempre sobre algún aspecto de sus caras que las obsesiona especialmente.

Normalmente tendemos a enaltecer excesivamente aquellas cosas que nos hacen sentir no del todo satisfechos o contentos con nuestro aspecto físico, y de la misma forma, exagerar aquello que encontramos como defectos que al fin y al cabo, vemos más nosotros mismos que cualquier persona ajena.

Una búsqueda insaciable de un canon de belleza en cuanto a las formas femeninas se refiere (trasnochado por la extrema delgadez que se promueve), y el ansia por desear todo aquello que nos es ajeno, está muy a la orden del día y es sin duda sintomático de la sociedad de consumo en la que vivimos.

A menudo acostumbramos a estar bombardeados por los medios de comunicación en su afán por decirnos qué es lo correcto y lo que no, lo bello, lo elegante, la tendencia de moda o la nueva frivolidad a la orden del día, que automáticamente parece convertirse en un “must” en la vida de todo ser humano.

Esta falta de reflexión y este escaparate en el que hemos transformado todo cuanto atañe a nuestra vida, nos transforma en una masa ingente de entes con vida autónoma y cabezas totalmente vacías que ven pasar su vida delante de ellos como si de un anuncio de Zara se tratase.

1954 Girl at Mirror - Norman Rockwell

 

¿Qué es real y que no? Sobre el canon de belleza.

Tener una sonrisa perfecta, un cabello exhuberante, una piel bonita y sin impurezas o estar delgado hasta el extremo son algunas de las obsesiones de esta posmodernidad forjada a base de gastar, romper, comprar y, como diría mi abuela, espolear.

Espolear el dinero, espolear a las personas a hacer cosas que no se habían cuestionado, espolear al consumo rápido, irreflexivo y banal. Comprar cosas que nos hagan ver físicamente diferentes, ajenos a nosotros mismos y más cercanos a lo que son la mayoría.

Maquillar las imperfecciones, esconder las curvas, aumentar el tamaño de otras, desarrollar un sentimiento de culpa hacia todo aquello que nos hace sentir lejos de la “perfección perfilada por el Photoshop”. En definitiva, desarrollar mucho el físico con trucos baratos (y no tan baratos) y carecer de todo fondo o integridad personal y de confianza en uno mismo.

William McGregor Paxton

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