El legado de Rubens

A menudo me cuestiono si la crítica de arte tiene algún sentido en una época donde todo el mundo tiene un enorme universo a su alcance de posibilidades creativas a las que acercarnos. No porque fulanito o menganito diga que es digno o no de darle una oportunidad, si no porque todo el mundo tiene la capacidad de crearse un juicio propio en función de sus intereses o gustos.

Por otra parte, puede ser que precisamente en una era donde hay tantísima sobreinformación, la crítica sea más necesaria que nunca y el público -pobres corderitos descarriados que nos hayamos- necesitemos del faro luminoso de alguien que nos guíe en lo que es digno y lo que debe arder entre las llamas de los comentarios más ácidos.

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En un orden de cosas bien diferente, recientemente he leído dos artículos que aunque cuestionan dos asuntos bien distintos, me ha hecho cuestionarme nuevamente la necesidad de la crítica de arte en nuestros días.

El primero de ellos titulado “¿Por qué el arte religioso es <<una chapuza>>?” y a pie seguido “La última provocación de Ángel González”, se trata de un análisis sobre la última disertación del historiador del arte que trata sobre lo que en el título queda bien claro. Este tipo de crítica es desde mi punto de vista frívola y egoísta, ya que analizando una serie de matices sobre la historia del arte (la falta de espiritualidad en el arte religioso o el excesivo espíritu de adoctrinamiento) parece más bien tener intención de levantar ampollas o plantear una teoría del arte revolucionaria y radical, pero que no se queda más que en una opinión que hace que se hable del “autor” y no tanto de lo que realmente piensa.

Es frívola porque no creo que se tenga la intención de llegar a encontrar una verdad mayor, una resolución o reescribir algo realmente relevante que hasta ahora no se haya cuestionado y que sin embargo siempre haya estado ahí. El crítico parece más preocupado por expresar su opinión desde el prisma personal y no profesional que tiene sobre la religión y generar polémica, generalizando además tan enormemente sobre todo el arte religioso.

Siempre es bueno cuestionarse absolutamente todo cuanto damos por más que sabido, pero en este caso, parece que el cuestionamiento no va más allá de una opinión que no contempla todos los factores que ese “arte religioso” (es terrorífica esta generalización) reúne, exprime y desarrolla de formas muy diversas en cada autor o en cada obra particular.

http://www.elconfidencial.com/cultura/2015-01-20/por-que-el-arte-religioso-es-una-chapuza_625045/

La segunda de las críticas venía de The Guardian y un artículo referente a la exposición “Rubens and his legacy” que actualmente se expone en Londres.

Esta crítica me ha llamado la atención especialmente porque desde septiembre hasta ahora que ha cambiado de ubicación, la exposición estuvo instalada en el Palais de Beaux Arts de Bruselas y curiosamente todas las críticas que he leído hasta ahora han sido muy positivas. Hasta que ha desembarcado en Londres.

El crítico de The Guardian, claramente irritado como deja bien claro él mismo en su artículo, encuentra el trabajo del comisario de la exposición absolutamente descabellado por intentar encontrar puntos de unión entre Rubens y artistas que nada tienen que ver con él, y peor aun, la justificación de tales nexos:

“The irritation started when I entered the first room of the Royal Academy’s much-touted epic exhibition Rubens and His Legacy and my eyes fell on a painting by John Constable. It is hard to think of a painter who has less in common with Rubens. But the curators have spotted one connection I never guessed: they both painted rainbows.”

Efectivamente… Arcoiris. No sé si está más molesto por encontrar un Constable con un Rubens en la misma exposición o por la explicación de por qué están ambos ahí. Pero la lista de cosas que se enumeran no queda simplemente en eso. El crítico analiza la falta se sentido común al exponer una selección de obras de arte contemporáneo en la misma exposición y la cantidad de rubens expuestos en una exposición monográfica.

http://www.theguardian.com/artanddesign/2015/jan/20/rubens-and-his-legacy-review-crass-analogies-bad-ideas

Bien es cierto que el comisario en la exposición de Bruselas y la de Londres son personas distintas, pero es la crítica verdaderamente honesta en ambos casos, ya que al fin y al cabo, se trata de la misma exposición. O quizás la crítica en muchos casos se reduzca a mera publicidad y lectura de lo que el público espera encontrar.

Cuestiones muy distintas ambas pero que sin embargo no dejan de cuestionarme la necesidad e independencia de la crítica de arte actual y para las que sigo sin encontrar una rotunda respuesta.

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