¿Cómo hablar de cosas difíciles a los niños?

La librería Passa Porta de Bruselas ha organizado este 12 de mayo un encuentro con los autores de literatura infantil Mélanie Rutten y Ludovic Flamant en el centro cultural Point Culture Bruxelles, para discutir un tema bastante sensible y aparentemente complejo: “Comment parler des choses difficiles aux enfants”. IMG_2312 Guiada por la pasión de mi amiga Hyejin, sus recientes artículos sobre este tema y su enorme colección de libros ilustrados, cuentos e historias infantiles, le propuse ir juntas y disfrutar de esta disertación que para ella es interesante a nivel profesional y para mi lo es a nivel personal. (Además de que mi tema de discusión en el examen oral de francés que hice el año pasado). ^^ El debate dirigido por Ysaline Parisis, ha recorrido por cuestiones como qué quiere decir “salvar el espíritu infantil” o “recuperar la capacidad de sorpresa de quien vive todo por primera vez” y por cuestiones más técnicas como el proceso creativo que siguen personalmente o los problemas de la censura y la autocensura a la hora de dirigirse a este público tan “delicado”. Personalmente encuentro que los lectores infantiles no son ni mucho menos personas ajenas a la realidad o incapaces de comprender o superar ciertas asperezas que existen en el mundo, y muy cerca están las ideas de estos dos creadores. Ludovic Flamant reflexionaba sobre la idea de no saber qué va a ser exactamente el detalle que va a guardarse en la memoria de un niño. “Es como tirar una piedra en el agua y ver cómo las ondas se expanden. Unas tocarán a unos, otras a otros, pero cada cual guardará un recuerdo distinto y personal de lo que le atrajo”. Efectivamente, todos guardamos recuerdos de detalles en nuestra memoria que en algún momento, por insignificante que pudiese parecer para otros, se quedan atados a nuestra memoria sin saber por qué. Una imagen de un libro, una imagen mental que nos hacemos de algo, un sueño que sin tener porqué ser traumático… “Avoir de la confiture dans le pieds” como él decía recordar de su infancia.

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Literatura subversiva – “Tout Nu!” (cc) Ludovic Flamand

Momentos absolutamente mágicos.

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“Louis des sangliers” (cc) Ludovic Flamant

En su proceso creativo, parte más que de una idea o un tema, de un detalle o un sentimiento que puede parecer insignificante, pero que abre las puertas al desarrollo de la historia y de ahí a abordar temas de mayor complejidad o carga filosófica. En muchas ocasiones, es la angustia personal de los adultos lo que hace que, como dice Mélanie Rutten, pongamos franjas de edades a la literatura por su temática. Que no nos guste afrontar temas como el alcoholismo, el tabaco o la sexualidad en los libros infantiles no implica que no existan en la realidad, del mismo modo que los niños suelen reaccionar de una forma más natural de lo que nosotros tendemos a pensar que lo harán. Ambos dicen dirigirse con sus libros hacia el público infantil y también a los adultos, por ello estoy muy de acuerdo en la idea de no dirigirse a los niños como seres inconscientes o carentes del bagaje necesario para enfrentarse a ideas de gran complejidad emocional o psicológica. Los niños tienen capacidades filosóficas mucho más grandes que las nuestras y tienen clarísimo hacia donde va la historia, como continua en su vida personal y se cuestionan profundamente porqué cada personaje hace lo que hace. Rutten afirma que los encuentros con sus lectores son siempre un regalo por la complejidad de las  preguntas que hacen y las enormes reflexiones que traen consigo. “Es ahí es cuando se percibe realmente que no son lectores pasivos como pretendemos creer los adultos, si no que prolongan las historias con su imaginación y piden incluso una segunda parte de las mismas por lo que ellos ansían que pase”.

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“Les Sauvages” (cc) Mélanie Rutten

La literatura infantil es un género subversivo, afirma Flamant, y como tal un libro es un compañero que nos hace soñar, descubrir, imaginar… Ninguno de los dos es partícipe de edulcorar las historias pero tampoco de hacer literatura militante, porque con ello decimos a los niños lo que tienen que pensar. En ningún caso se trata de entregar un mensaje, si no de hacerlo crecer con el lector y hacer al lector soñar. Lo que todos esperamos de la literatura son emociones (positivas o negativas) y los niños esperan lo mismo, por ello se muestran escépticos ante eventos como Halloween por ejemplo, “que ni siquiera da miedo”. Un encuentro verdaderamente inspirador y que confirma que el público infantil no es inconsciente o ajeno a la realidad, es tan exigente como el adulto y además está preparado para afrontar cualquier idea que podamos proponerle siempre que se haga con sensibilidad y de forma natural. Quizás después de todo somos efectivamente los mayores los que estamos contaminados de realidad y de miedos, de los que no nos vendría mal liberarnos.

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“La source des jours” (cc) Mélanie Rutten
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