La aventura de buscar trabajo en Bélgica (I)

Después de dos años y pico en Bruselas, la cantidad de historias relacionadas con la búsqueda de trabajo y el mismo trabajo, me están dando para casi, casi, escribir un libro.

No pretendo que suene dramático ni tampoco quitarle hierro a la importancia de muchas cosas muy serias, pero tengo que encontrar el equilibrio entre una situación y la otra. Más que nada por mi propia salud mental.

Como mucha gente en estos días, empujada por una serie de circunstancias y atraída por muchas otras, decidí mudarme de país para tratar de encontrar una situación laboral más estable de la que me ofrecía España (o sea, ninguna). Encontrarte con un poco de dinero, el apoyo familiar, el amor, la ilusión y la nostalgia de mudarse a otro país que acarreamos desde la Erasmus y la esperanza de unas condiciones laborales mejores (ejem, ejem), son la fórmula matemática que en mi caso, me trajo hasta aquí.

Constantemente pensamos que la hierba del vecino es siempre más verde, y de una forma naif (al menos en mi caso) llegamos a contarnos una película sobre las malas condiciones laborales de nuestra tierra y lo hermoso que debe de ser trabajar “de lo tuyo” en otro país donde se valoran tus conocimientos y experiencias.

It's a trap!!
It’s a trap!!

Bueno… Ni eso es del todo cierto con respecto a Bélgica, ni tampoco es del todo cierto que el clima hace la vida deprimente, que estos países del Norte son grises y feos o que como en el Sur no se come en ningún sitio.

En fin, a parte de las cosas que te hacen sentir idiota por lo ignorante, están las otras cosas que llegado cierto punto te hacen sentir idiota por lo realmente inocente (o idiota) que realmente eres. Como me decía una amiga, “parece que los belgas han aprendido lo malo de nuestra tierra y lo han extendido”. Y efectivamente señores, si buscar trabajo es siempre duro, creo que en cosas de cultura es incluso peor. O puede que esto sea otro pensamiento naif fruto del desconocimiento.

Con la típica frase de “que bonito… historia del arte…” o “que bonito comisariar una exposición” o “que bonito… estar en contacto con artistas y obras de arte”, hasta la gente el mundo de la cultura se han llegado a creer que vivimos sólo del placer visual y de la hermosura que supone trabajar con arte. Pero la factura de la luz no es precisamente algo que se pague con la belleza de la vida… Y por ser historiador del arte no te las regalan. Aquí o eres político, o nada sale gratis.

A nivel profesional, creo que la diferencia más grande que he encontrado con respecto al mundo de la cultura entre los dos países, es que en España los equipos de museos o galerías suelen ser pequeños, independientemente de la carga de trabajo que haya. Como becaria diría que hemos sido siempre pocos y enormemente explotados, pero tenía una sensación de mayor control sobre nosotros y jamás he visto aceptar una institución un voluntario de varios meses trabajar gratuitamente. Pero bueno hace años que salí del país.

Aquí por el contrario, trabajar como voluntario (bénévole) durante varios meses está a la orden del día, y las empresas tienen tan claro que te están dando el mejor de los regalos con la experiencia que puedas adquirir en su negocio, que sin ningún tipo de miramiento te ofrecen un voluntariado o unas prácticas (stage) como si te estuviesen dando el trabajo de tu vida. ¡Pero no hay contrato después de eso! Con lo cual, te dejas los cuernos varios meses (mínimo 2 ó 3) para después volver a tu casa tal y como estabas al principio y con una línea más en el currículum a punto de explotar, que dice que has colaborado con alguien durante X meses.

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Dies irae, dies illa…

Insisto, quizás en Españistán hemos llegado a la misma situación en los últimos años y yo no tengo ni idea. Cosa que no me extrañaría en absoluto, by the way.

Ahora, yo me encuentro con la disyuntiva de siempre: Qué hacer, permitir este tipo de situaciones y denigrar la profesión y los años de carrera trabajando gratis o quedarte en casa y sentir que no avanzas, que no hay evolución con el idioma y que permanentemente vas a esperar el trabajo de tu vida sin moverte… Pues sintiéndolo muchísimo, yo me he quedado constantemente con la primera opción por dos razones; primero por efectivamente intentar aprender, mejorar y hacer contactos para evolucionar algo aunque sea muy lentamente; y la segunda por la limpieza mental que supone sentirse útil, tocar un cuadro o dos y por salir de casa, que pueden parecer chorradas, pero son lo que hace que no salga a la calle y muerda en la yugular al primero que se me cruce en mi camino.

Pero la sensación de volver a casa, después de 12 horas de trabajo seguidas, a veces incluso sin nada positivo que recordar y con la sensación de prostituirte por una cosa llamada “experiencia” que de sobra tienes ya, me hace sentir verdaderamente repugnante.

Pero bueno, supongo que eso es algo que poco a poco iré explicando aquí, cogido de la mano de algunas de las anécdotas que me han podido acontecer a lo largo de estos dos años y algo de búsqueda frenética de algo llamado trabajo remunerado y decente.

No sé cómo harán el resto de los mortales, pero por suerte, lo positivo de este mundo laboral es que en situaciones de este tipo, salgo a la calle en busca de un museo, una exposición o una película (con una cerveza o un buen vino) y automáticamente con un bofetón me devuelven a la tierra y me recuerdan por qué escogí esta profesión. Y por qué es como una droga a la que nunca podré dejar.

Courage Fanny ! Allons-y !

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