España y el arte contemporáneo: La sombra de la corrupción es alargada

Hace unos años, cuando empecé a reflexionar sobre el tema de mi trabajo de fin de máster, recuerdo que la idea del ensayo empezó por una simple curiosidad sobre el porqué repentino interés de gran parte de los gobiernos hacia el arte contemporáneo. ¿Por qué afloran como setas los museos y las instituciones dedicadas a la cultura, siendo este un país donde la mayor parte de los españoles no se cansa de repetir “yo eso del arte moderno es que no lo entiendo”?

El Roto

En efecto, no hemos terminado de entender ni siquiera a día de hoy, que el arte no es un mero objeto de contemplación que tiene que entretener y hacernos disfrutar en nuestra absoluta pasividad. En muchas ocasiones me he encontrado con gente que se siente fascinada cuando rememora una visita guiada y cuentan como “nos explicaron todo… Velázquez es maravilloso, pero es que si te cuentan además la historia de detrás…”.

Para mi este tipo de reacción me resulta siempre un tanto naif, puesto que para afrontar cualquier tipo de creación artística se necesita estar concentrado y predispuesto para reflexionar y tratar de ir un poco más allá del mero lienzo para conocer el universo del creador. Nos plantamos en los museos de la misma manera que nos sentamos delante de la televisión, a la espera de entretenimiento fácil y directo. Y por supuesto, de deleite estético, porque no hemos venido a pasar un mal rato mirando horrores o violencia.

Pero después de muchos años oyendo el “¿historia del arte?¿y eso para qué sirve?”, he aprendido a no juzgar los intereses de cada uno y a entender que si espectador medio no quiere ir más allá de ver los cuadros, él se lo pierde. Pero de la misma manera que cuando un guiri nos habla en español, no está sólo en él el hacerse entender, si no que nosotros también tenemos que poner de nuestra parte para comprender, cuando nos enfrentamos a una obra de arte amigos míos, hay que hacer también un esfuerzo para poder alcanzar a comprender lo que el artista nos quiere contar.

El problema que me planteaba a la hora de afrontar mi trabajo es cómo el mismo gobierno -que ya tiene poder de decisión y enormes presupuestos para gestionar en cultura-, tiene este mismo tipo de reflexiones con respecto al arte, confundiendo el término cultura con el de entretenimiento, y viendo además en estos un auténtico filón para el negocio fácil y la corrupción.

No quiero parecer una purista con respecto a la gestión del arte y la creación de espacios para la cultura. Para muchos quizás esté o estuviese en su día muy claro que creando espacios para las artes en cada ciudad o pueblo del país, los ciudadanos acabarían por cultivar su sensibilidad y gastar su dinero en un tipo de ocio más sofisticado gracias a la proximidad de un teatro, un museo o un palacio de la ópera. Pero desde mi punto de vista, no se puede empezar a construir la casa por el tejado. Para querer, hay que conocer, que dice mi abuela; y para convencer a la gente de que el ballet no es aburrido, que al museo se va a leer también además de mirar y que la ópera es cara porque hay decenas de personas que trabajan en ello, hay que hacer un larguísimo recorrido antes de meter a los espectadores en los enormes edificios de hormigón como si fuesen ganado.

Centro Niemeyer de Avilés, sufragado también con dinero público y que estuvo a punto de cerrar en su primer mes de vida

Pero claro, esto es un mal menor cuando el que maneja los presupuestos ve un filón para construir, crear empleo, traer dinero a la ciudad y por qué no, llevarse algún que otro pellizco personalmente. Base todo ello de la economía nacional hasta la explosión de la crisis. En este sentido, el caso quizás más conocido y escandaloso es el del arquitecto Calatrava, que en la Comunidad Valenciana parece que los astros se alinearon para este genio de la catástrofe arquitectónica y encontró a sus mecenas entre los altos dirigentes del gobierno valenciá. Que la Ciudad de las Artes y las Ciencias contase o no con un proyecto cultural real a largo plazo era el menor de los intereses por ambas partes. Construye a lo grande, construye rápido y que cueste barato parece ser el eslogan de todo esto. Pero sin embargo nada más que el arquitecto se llevó 100 millones de euros por el proyecto: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/06/19/valencia/1340136028_964929.html

Pero este tipo de “ruinas del siglo XXI” como Ignacio Henares las llama, tienen una razón de ser bien definida en la enorme polvareda que el Guggenheim de Bilbao ha levantado desde el momento de su inauguración. Esta franquicia arquitectónica, donde hasta el más pequeño detalle parece pensado por un equipo de marketing más que de cultura (y probablemente así sea), ha sido el objeto de deseo de infinidad de gobiernos a lo largo y ancho del país. La rehabilitación urbana, el lujo y el glamour de la inauguración y las ingentes cifras de visitantes a esta ciudad de tradición industrial, empañan absolutamente el hecho de que el museo realice exposiciones de Louise Bourgeois o de motos Harley Davidson como si efectivamente en el mundo del arte todo valiese.

Llegado a este punto, mi pregunta es ¿estamos realmente hablando de cultura? Evidentemente, no.

Ciudad de las Artes de Galicia (obra faraónica hasta día de hoy sin terminar… y con muy malas perspectivas).

Estos nuevos faraones del siglo XXI, sin escrúpulos y/o responsabilidad para con el dinero público, con un ego semejante al de los reyes de la antigüedad y con una base de cultura en muchos casos semejante a la de un mosquito, han hecho que los ejemplos de este tipo de arquitectura se multipliquen como setas, ayudando por supuesto al endeudamiento nacional.

¿A servido todo esto para cultivar y sensibilizar a nuestra sociedad en el plano cultural? Bueno… Habría que preguntar a más de uno y de dos qué le parecen estos bonitos “souvenirs” que nuestros gobiernos nos otorgan.

http://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-100762/museo-del-agua-de-lanjaron-juan-domingo-santos

Para saber más sobre este y otros temas sobre la crisis y la posmodernidad, un grupo de amigos y yo hicimos esta revista incendiaria con algunos de nuestros pareceres: http://www.ugr.es/~hum736/revista%20electronica/numero17/revista17.htm

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