Descartemos la “angustia” como definición de todo sentimiento en el arte (por favor)

Vivir en Bruselas me ha servido para experimentar la luz diurna y nocturna de esta ciudad y para darme cuenta de que el famoso surrealismo de Magritte, no es otra cosa que la pura realidad capturada en el momento del ocaso.

Experiencia que es bonita de disfrutar, siempre y cuando tengamos la suerte de que el día esté despejado y no lluevan hombres grises del cielo… Cosa que es bastante más surrealista, pero que también tiene bastante de realidad belga con este clima gris que casi permanentemente nos acompaña.

Sería absurdo hablar de angustia delante de una crucifixión porque se sobreentiende que el dolor y la ansiedad están presentes. Pero en ese afán por encontrarnos a nosotros mismos en la pintura o en el arte, por describir todo aquello que nos saca de nuestra “comodidad” y nos supone un reto a entender, lo solemos reducir al término angustia y soledad. Muchísimos textos que he podido leer sobre el pintor danés Hammershoi (1864-1916), se ven reducidos a análisis de este tipo, con la mera descripción de lo que vemos o creemos ver en cada una de sus pinturas.

La atmósfera, creada siempre a partir de una luz tenue y aterciopelada, nos posiciona en unas salas de enorme blancura y perfecta simetría, donde rara vez hay algún objeto decorativo y casi siempre una dama vestida de negro nos da la espalda, sumida en sus labores o en sus reflexiones.

Ida reading a letter *oil on canvas *66 x 59 cm *1899

A pesar de que no he podido encontrar textos del mismo pintor sobre sus intenciones o sus inquietudes (todas sus cartas y textos personales están por traducir del danés), curiosamente, todos los aficionados de este pintor describen su obra como angustiosa, cargada de un ambiente propio de una prisión por su sobriedad y sensación de vacío, a la par que enigmática y un tanto siniestra, por reflejar tan solo la espalda de sus modelos, ocultando sus rostros e incluso la actividad a la que dedican sus horas de posados.

Hammershoi es un artista que viajó bastante por toda Europa (Italia, Francia, Reino Unido…). Conocedor de los grandes maestros de la pintura, la luminosidad del arte italiano o del entonces reinante post-impresionismo francés, nunca fueron especialmente de su interés en tanto que fuente de inspiración o estilo artístico al que unirse. Pero sin embargo, la influencia de los pintores flamencos, tales como Vermeer, tienen una presencia patente en su obra que claramente podemos identificar de un simple vistazo, en esa luz que traspasa los cristales de las estancias y baña discretamente a sus modelos.

mujer-sosteniendo-una-balanza-johannes-vermeer-1664

Quizás por una cuestión de estilo, quizás por una afinidad emocional, lo cierto es que el pintor danés no se dejó llevar por las modas y debió de sentirse más ligado a este tipo de estudios de la vida cotidiana y de espacios ligados a su entorno más próximo (incluso en sus pinturas de paisajes, siempre es Dinamarca el tema). Afinidad esta por el mundo privado y su entorno más íntimo, ligado a una absoluta devoción y contemplación por la figura de su mujer, que personalmente se me hace difícil pensar en el sentimiento de angustia o aislamiento.

Viajar, conocer, buscar, visitar y estudiar la historia y culturas propias de otros países y estilos artísticos, para finalmente regresar sobre aquello que uno se siente más cómodo y cercano a uno mismo, a sus intereses e inquietudes personales, sin necesidad de florituras o añadidos forzosos. Creo firmemente que es en la sencillez y la sobriedad donde el pintor puede expresar y transmitir libremente sus emociones, a través de la luz y la atmósfera onírica que empapa los espacios; hecho que por otra parte me hace reflexionar sobre esa aparente angustia que tanta gente ve en su obra, y a la que no encuentro razón de ser, pues el tema es extremadamente recurrente y sería una auténtica tortura regresar siempre sobre un ambiente asfixiante e infeliz, cuya repetición sería un castigo más que un placer artístico.

Creo que no me equivoco cuando pienso que al igual que sucede con Magritte, experimentar el ambiente geográfico, el clima y la luz del país donde la obra se ha creado, en esta ocasión determinaría mucho nuestra percepción sobre esa idea de “angustia sombría” y nuestras conclusiones. Desde mi punto de vista, sus pinturas son el encuentro con la intimidad y la luz propia de un país como Dinamarca, en un ambiente familiar donde el pintor ha encontrado su medio natural y más cómodo para expresar ese algo que tiene que decir y que nos parece enigmático.

Mucho se ha comparado también a Dreyer con Hammershoi (véase la exposición dedicada a ambos artistas en Barcelona en 2007: http://www.cccb.org/es/exposiciones/ficha/hammershi-y-dreyer/10917), quizás porque claramente hay una influencia del pintor en la obra del director, quizás por simplemente compartir nacionalidad. Lo cierto es que los paralelismos entre los fotogramas de uno y las obras de otro, tienen bastante en común de ese ambiente un tanto íntimo, un tanto misterioso, que se acentúa con el contraste entre el negro y el blanco y cuyo dramatismo en la obra de Dreyer es enorme.

La simetría en ambos está siempre presente y los espacios se transforman en auténticos escenarios teatrales en donde se pasean las emociones, los sueños y se da rienda suelta a la imaginación. Sin embargo, creo que Dreyer da un paso más allá en cuanto a la expresión dramática, convirtiendo efectivamente ese espacio en una prisión o habitación para dar rienda suelta a la angustia y el dolor humano más profundo, mientras que Hammershoi nos invita a pasear por un ambiente más cercano a lo onírico y a la paz interior del espacio y de los personajes, que parecen flotar en un dulce espacio reinado por su musa que nos da la espalda en todo momento.

La contemplación es más fuerte y más profunda en Hammershoi y en esa especie de romanticismo nórdico que crea en torno a todas sus creaciones; mientras que en Dreyer las pasiones y miedos humanos se exteriorizan de una forma mucho más violenta y se aproximan más a lo terrenal que a lo espiritual o fantasioso.

No dejan de ser opiniones personales todo lo que escribo, pero si que creo que experimentar el espacio y la luminosidad daneses podría cambiar significativamente nuestra percepción de las obras, viviendo el entorno de creación.

La luz de Hammershoi, al igual que la luz de Magritte, son experiencias vividas y una realidad fagocitada que se transforma en pintura.

Para más información sobre el pintor Willem Hammershoi, recomiendo ver este documental sobre su figura, presentado por Michael Palin de Monty Python (que es un gran admirador de su obra): https://www.youtube.com/watch?v=fhQmS8KJeUo

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