Munch ~ Van Gogh en Amsterdam

Desde hace unas semanas, esta ha sido nuestra pequeña-gran obsesión, reflexión, investigación y sueño. Decidimos visitar Ámsterdam en busca de una de las exposiciones aparentemente más inverosímiles vistas jamás, pero también de las más fascinantes hasta la fecha por el bello trabajo desarrollado de búsqueda entre ambos pintores y los puntos en común que destaca.

Nuestra peregrinación terminó el viernes por la mañana, después de una hora de cola, de lluvia, frío y un ambiente que animaba a abordar el mundo interior, tan extenso y tan denso de dos de las personalidades más fascinantes de la historia del arte.

La fragilidad, la soledad, la incomprensión… Aspectos que comparten este par de artistas, que a pesar de vivir paralelamente jamás se llegaron a conocer, y que son además dos hitos de la historia de la pintura.

Las similitudes que esta exposición destaca entre ambos, nos hace pensar en quizás un encuentro al menos espiritual, ya que los temas, los miedos, las pasiones e incluso la forma de abordar algunas ideas es tan parecida que sin duda nos hace pensar en un vínculo o puente entre ambos.

En medio de esta obsesión por etiquetar que tenemos o en reducir a palabras simples todo lo que podemos y no podemos explicar, Van Gogh ha sido duramente juzgado como loco a lo largo de los años, transcendiendo como momento “mágico” de su carrera el hecho de que se cortase parcialmente una oreja a raíz de discutir con su amigo Paul Gaugin. Lo cierto es que profundizando tan solo un poquito en su biografía, podríamos entender y sentir que las circunstancias nunca fueron amables con él y la infelicidad sufrida por la soledad, la incomprensión y el volcán de emociones y sentimientos que albergaba dentro de si, podría volver “loco” a cualquiera.

De la misma manera, el trazo y los colores en Munch, junto con el hecho de que su obra más célebre siga siendo “El grito” -esa especie de oda a la angustia existencial- ha provocado que junto a su obra trascienda un sentimiento de oscuridad y violencia en relación a su persona, que empaña completamente la sensibilidad y la ternura que se desprende en muchas de sus obras y que además comparte con Van Gogh.

Parece que toda forma de superioridad intelectual que sobrepasa la media ordinaria, debe estar considerada como una cosa anormal que predispone a la locura ~ Arthur Schopenhauer

Lo cierto es que no se puede explicar mejor que con esta frase, pero cualquiera que haya podido zambullirse verdaderamente dentro del universo emocional de un artista, habrá podido comprobar que la complejidad emocional, la captación sensible de la realidad y sus inquietudes intelectuales, no son algo sencillo de racionalizar ni tampoco un aspecto simple de definir.

Resulta fascinante el tratamiento de los temas como el amor, donde ambos pasaron por momentos de enormes estragos y relaciones tumultuosas, o la muerte cuya obsesión se repite de forma reiterada e intensa. Van Gogh fue rechazado en reiteradas ocasiones por su pobre condición de pintor y por su carácter obsesivo con una mujer casada, la cual no le correspondió sentimentalmente. Mientras, Munch tras una relación donde ambos amantes se devoraron espiritualmente y que terminó con el artista disparándose a si mismo en la mano, decidió alejarse de las mujeres y vivir con el miedo a ser fagocitado y anulado por otra persona durante más de cuarenta años de su vida.

La mujer como vampiro es una de las grandes obsesiones de Munch. Pasión y miedo a ser fagocitado espiritualmente van siempre de la mano
La prostitución es también un tema que ambos abordan, como podemos ver en este gravado de Van Gogh de una mujer con la que compartió una relación amorosa, pero que finalmente acabó abandonándolo. La soledad y la tristeza son temas recurrentes en ambos artistas

La influencia de la Escuela de París durante sus años en la ciudad, el descubrimiento del color y los impresionistas, el alejamiento de la cultura religiosa tan profunda que los había dirigido a ambos durante muchos años de su vida por influencia paterna, el alcohol y la vida bohemia de la capital mundial del arte… Parece casi imposible que no se llegasen nunca a conocer o al menos a compartir unas palabras, a pesar de compartir los mismos intereses, visitar los mismos lugares e incluso la misma ciudad al mismo tiempo.

Ambos artistas comparten su pasión por la escritura, que en muchos casos se convierte en un complemento a su obra y la dota de una mayor profundidad con el análisis personal y emocional de cada pieza. Van Gogh comparte una enorme correspondencia a lo largo de su vida con su hermano, mecenas y mayor apoyo, Théo, a quien dedica no sólo sus palabras, si no pequeños dibujos de sus obras en proceso de creación. De la misma forma, Munch recoge en sus cartas pequeños bocetos de sus cuadros acompañando los textos donde exprime sus sentimientos más profundos y su análisis del ser humano, siempre rodeado de difíciles sentimientos (los celos, la envidia, la soledad…), siempre frágil y aislado, y al mismo tiempo, lleno de pasiones y emociones insaciables.

carta m

En ambos se repite también la sucesión de autorretratos, muestra de la búsqueda de la identidad, de la reflexión interna, del paso del tiempo y la proximidad de la muerte. Una suerte de diario personal que nos habla de su día a día, capaz de poseer al menos un instante del tiempo que inmediatamente pasa a formar parte del pasado, pero que al menos contiene un instante de creación y de producción donde deja huella en la historia.

La perseverancia por el trabajo, la lucha a pesar de la incomprensión, el aislamiento y la soledad, también son cualidades comunes que ambos comparten; del mismo modo que la creación de series de obras con un mismo sujeto. Y no puedo evitar preguntarme ¿de dónde sale esa energía vital y esa constancia a pesar de las crisis nerviosas, del fracaso de las ventas en Van Gogh y de algunas exposiciones de Munch? ¿Cómo encontrar la fuerza para seguir luchando por lo que se ama y les apasiona a pesar de que les supone tantos dolores de cabeza?

munch - gogh

Todo en ambos es emoción contenida, tanto en las pinturas en las que aparecen humanos como en la pintura de paisaje. Los colores parecen vibrar de pura carga emocional y se mezclan entre sí captando la complejidad de los sentimientos y de los paisajes de Oslo y de Arles. Todo es un viaje hacia el interior y hacia los rincones más ocultos y frágiles del ser humano, que siente, teme y ama sin ser comprendido o correspondido. Esta es la gran diferencia que marcan los pintores del siglo XX en toda la historia del arte, la capacidad de transmitir su mundo interior a las obras y experimentar con el vacío y lo personal en lo profesional, alejándose del mero arte del trabajo para transformar el mundo de la pintura en toda una experiencia vital e intelectual. Sin vacío no es posible la creación y quizás su capacidad de lucha nazca precisamente de la aceptación de la soledad como única compañera de viaje. Y en el caso de Munch, que sea también su medio de encontrar la libertad.

Una cita ineludible para los amantes de las grandes experiencias sensoriales y emocionales, pues tan fascinante como la materia y la exposición, lo son las personas que se ocultan detrás del telón.

 

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